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Perdido por la Galicia profunda

Sin duda guardo increíbles recuerdos de aquellos momentos. Era llegar los domingos por la mañana, mi madre me despertaba, me ponía el chándal y marchábamos hacia nuestra casa familiar en la sierra con nuestro ford fiesta. Os hablo de hace 20 años, prácticamente desde los 0 a los 14 años mis domingos se desarrollaron en el monte, pegando caminatas, jugando a la pelota, bañándome en la balsa construida por los mayores de la familia y realizando el resto de actividades que os podáis imaginar de un niño en medio del monte. Mi abuelo todavía vivía, y se encargaba de cuidar aquello, mientras los pequeños jugábamos y el resto hacia la comida. Y así disfruté de una maravillosa infancia rodeado de la familia y aprendiendo de la naturaleza.

¿Y porque os cuento todo esto?, pues porqué estas navidades tuve la suerte de disfrutar de un día muy parecido pero a nada menos que 1100 kilómetros de mi casa. Otro paisaje, otras costumbres, otra gente.

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El domingo 28 de Diciembre amanecía muy lejos de mi casa junto a mi chica, a la que ya habéis visto por aquí, Mimi. Nos poníamos en pie para coger rumbo hacia Romelle, con apenas unos 100 habitantes en medio de una colina rodeada de valles hogar de sus abuelos. Ya en el coche con Marilo (mi suegra) al volante, nos empezamos a adentrar en tierras gallegas durante una hora y algo, hasta plantarnos en medio de una colina totalmente verde y unos pocos grados.

Allí conocí a los abuelos de Miriam y padres de Marilo, Don Severino y Doña Dolores, quienes me acogieron como uno más e hicieron el esfuerzo de intentar hablar castellano para poder entendernos, aunque al final optaran por el gallego y Miriam puso en practica sus dotes de interprete para ir traduciéndome.

Era curioso pero aquella casa y ambiente me recordaba mucho a mi infancia aun sin tener nada que ver. Una casa a primera vista nueva, pero que en su interior aun esconde cocina y calefaccion a base de leña, varios establos y un gigantesco horreo en su patio trasero (típica construcción gallega para guardar el maíz y que no entren las ratas, ver foto). Una casa cómoda, con ese encanto del siglo pasado y sabor gallego por todos los costados iba a ser este domingo mi hogar. A la hora de la comida como no podia ser menos un buen plato de caldo gallego acompañado de unos callos, todo elaborado por los propios abuelos de Miriam y como no riquísimo, comida más autentica imposible y por supuesto en abundancia.

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Tras reposar la comida unos minutos y con miedo de quedarme sin sol, Miriam y yo partimos para el pueblo de al lado, Loroño, otra pequeña aldea perdida esta vez en un valle. Anduvimos por caminos empinados entre vegetación y rectas interminables una vez en el valle, hasta plantarnos en la iglesia de esta aldea donde aprovechamos para dispararnos unos selfies y algún que otro posado.

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Una experiencia genial, que rematamos dirigiéndonos hacia Verdes tras despedirnos de nuestros anfitriones y del pequeño pitiminado. A medio camino entre Coruña y Romelle, paramos en los Molinos de Verdes, otra aldea con sabor gallego por la que transcurría un rió precioso totalmente invadido por la vegetación y convertido en merendero con construcciones típicas del camino de santiago. Un lugar que parece sacado de un cuento de hadas totalmente, que nada tiene que ver con el secarral en el que me crié yo mas propio de una película del oeste.

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Tras unos selfies y sacar a pasear el ojo de pez, regreso a casa con esa sensación tan maravillosa que ya casi ni recordaba. Esa sensación de haber salido de los agobios de la ciudad. Porque si, la ciudad tiene su encanto, pero de vez en cuando el silencio de la montaña, el aire fresco y las vistas infinitas son la mejor forma de poder volver a la urbe con las fuerzas necesarias para continuar nuestra acelerada vida.

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Paseando por España: A Coruña

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Nueva entrada de “Paseando por España” con motivo de mi vuelta a tierras gallegas de nuevo por el mismo motivo que me va a hacer visitar el norte muchiiiisimas veces mas a partir de ahora. En esta ocasión una vez en Santiago (Aeropuerto con mejor conexión de Galicia con Alicante) me dirigí al norte, a Coruña, en vez de al sur como la otra vez que visité Vigo. Ciudad natal de Miriam que me hizo de guía turística tanto por el centro como a las afueras donde ella vive, y que decir mas que me quedé enamorado de esta ciudad gallega…

Si hablamos del centro nos encontramos con una ciudad con un sabor gallego tremendo, que alguien me lo aclare pero yo juraría que esos ventanales blancos y altos son típicos de allí, cosa que la propia gente a la que pregunté no supo contestarme, sin embargo viniendo del Mediterráneo me resultaron muy muy característicos. Estos ventanales se podían ver tanto en edificios clásicos con toques medievales como en construcciones mas modernas en una combinación que hace de sus calles un lugar con encanto. No quiero crear polémica pero a nivel de ciudad mucho más bonita que Vigo (que también me encantó eeeeh).

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De entre todo lo que pude ver, me quedo con la plaza de Maria Pita (plaza donde se ubica el ayuntamiento) que me recordó tantísimo a la plaza de España de Madrid pero sinceramente con mucho más encanto supongo que por el propio edificio del ayuntamiento (y quizás que sea la ciudad de mi niña también ayuda…). Imperdonable no haber podido pasear por lo aledaños de la Torre de Hercules visita que queda pendiente para Julio dado que en esta ocasión entre el sol que parece que me llevé arrastrando desde Alicante y el poco tiempo que tuvimos, hubo que posponer.

Con lo que respecta a las afueras, quede encandilado del paseo maritimo O Burgo, que Miriam disfruta a apenas unos minutos de su casa y que rodea la ria. Lugar perfecto para bajar a pasear, correr o simplemente tirarte en el césped. Lo que daría por poder disfrutar de un emplazamiento así a diario. ¡Ideal para hacer fotos!. En esta ocasión mi corazón solo tenia ojos para mi chica, pero ya le prometí a mi cámara que ella también disfrutara de un bonito paseo al atardecer por ese lugar.

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He de decir que no solo me enamoré de la parte histórica de la ciudad si no que descubrí una tienda en la que podría pasar horas, Todoconsolas, situada en cuatro caminos, me dejó enamorado con sus joyitas del pasado, a las que acabaré echándole mano algún día de estos… Por lo demás, aparte de las fotos que acompañan a esta entrada también podréis encontrar dentro de poco un vídeo blog en mi canal de youtube donde podréis ver muchas de las cosas que cuento aquí en forma de vídeo. Y para la próxima entrada toca “Paseando por España: Costa da Morte”.

Un saludo!

P.D.: Como no podía ser de otra forma aparte de fotos también me traje material para un par de vídeo, en esta ocasión no solo para el vlog si no también este intento de mini corto reflejando una realidad que vivimos todos los chicos emparejados del planeta. Esta es mi visión de ese hecho. 😀

PASEANDO POR ESPAÑA
Paseando por España: Vigo
Paseando por España: Sierra Nevada
Paseando por España: Santiago de Compostela
Paseando por España: La Alhambra
Paseando por España: A Coruña

Paseando por España: La Alhambra

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Llevaba toda la vida oyendo hablar de lo maravillosa que era Granada pero no ha sido hasta los veinticinco tacos cuando he podido pisarla y comprobarlo por mi mismo. Y después de unos meses desde que anduve por aquellas calles siento las mismas o mas ganas de volver a pisar esas tierras. Un lugar que desprende arte y cultura por donde quiera que vayas con un sabor a tapita y olor a incienso.
En esta escapada nos centramos más en La Alhambra por tener muy limitado el tiempo, así que a la próxima intentaré dedicar más tiempo a perderme por sus callejones.
De esta ocasión os dejo una visión distinta de los pasillos que recorrí por esos edificios anclados en el tiempo junto a mi gran amigo fisheye (si y Juan Enrique Acevedo jaja). No descarto volver pronto y a ver si puede ser con escapada nocturna porque ahí si que va a ser epic el material que puede salir. Si tenéis la oportunidad de ir no lo dudéis, de lo mejor de España.

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